El calendario de fiestas que celebra Córdoba a lo largo del año, se abre el 5 de enero, víspera de la Epifanía, con la Cabalgata de Reyes, que sale al atardecer del Alcázar y recorre el centro de la ciudad entre la expectación de los niños, que se agolpan en el itinerario con sus padres. Las carrozas representan escenas navideñas e infantiles, y tronos para los Reyes Magos con sus pajes, verdaderos protagonistas de la noche, que arrojan muchos Kilos de caramelos. La persona que encarna a Melchor, se elige por sorteo entre los ciudadanos que lo soliciten.
Como en otras muchas ciudades, la llegada de las libertades supuso también en Córdoba la recuperación y
auge del Carnaval, hasta entonces amordazado por su prohibición oficial. La
Asociación Carnavalesca Cordobesa es el alma de su organización, y comprende
el Concurso de Agrupaciones carnavalescas –chirigotas, comparsas y
cuartetos, más cercanos al modelo gaditano que a la tradición cordobesa-,
que se celebra en el Gran Teatro y cuyos ganadores amenizan luego las plazas
de barrios populares; y la Cabalgata de Carnaval, que desfila el Domingo de
Piñata por el centro, y en la que pueblo da rienda suelta a su imaginación
para el disfraz y la sátira.. Barrios carnavaleros son San Agustín y San
Lorenzo, cuyo ambiente callejero incita a vivirlo desde dentro.
Entre el Domingo de Ramos y el de Resurrección, desfilan por las calles cordobesas 35 procesiones con unos 60 pasos, que representan los misterios de la Pasión de Jesús. En las ultimas décadas, y a raíz de la activa incorporación de la juventud a las cofradías, la Semana Santa viene registrando un creciente auge, si bien, y al mismo tiempo, también se está apartando del estilo que caracterizaba tradicionalmente a esta celebración en Córdoba, reemplazado hoy por un cierto «estilo sevillano», que se manifiesta en los vítores a las Vírgenes, los aplausos a los costaleros, la incorporación de bandas de la vecina provincia y la propia forma de vestir las imágenes y de adornar los pasos. No obstante, quedan cofradías fieles al estilo tradicional, la mas representativa de las cuales es, sin duda, la del Cristo del Remedio de Animas, que sale el Lunes Santo de la iglesia de San Lorenzo y constituye un reflejo de las procesiones penitenciales de antaño. Cofradías tradicionales que despiertan gran fervor popular son: las de Jesús Rescatado (Domingo de Ramos, iglesia de los Padres de Gracia); nuestro Padre Jesús Caído (Jueves Santo, iglesia de San Cayetano); el Cristo de Gracia, popularmente conocido por El Esparraguero (Jueves Santo, iglesia de los Padres de Gracia); la Virgen de las Angustias (Jueves Santo, iglesia de San Pablo), que procesiona una Piedad del escultor barroco cordobés Juan de Mesa y Velasco, la de más mérito artístico de cuantas desfilan durante la semana; y, sobre todo, la Virgen de los Dolores (Viernes Santo, iglesia del antiguo hospital de San Jacinto), cuyo paso va seguido de una interminable columna de penitentes.
Hay una forma de ver las procesiones cómodamente, sentado en las sillas que jalonan la “carrera oficial” –tramo del itinerario común a todas que discurre por el centro de la ciudad-, previo pago de la tarifa fijada por la Agrupación de Cofradías. Pero hay otra forma más sugestiva para quienes no temen a las bullas ni a andar, como es buscar las procesiones en rincones pintorescos del casco antiguo, o asistir a su encierro, ya en las madrugadas, entre inacabables saetas. En muchos establecimientos se puede conseguir gratuitamente el programa oficial de procesiones, con sus horarios e itinerarios, elaborado por la Agrupación de Cofradías, que constituye una ayuda casi imprescindible.
En fechas variables -domingos de abril o primeros de mayo- se celebran las
Romerías de Santo Domingo de Scala Coeli y la de la Virgen de Linares, que se dirigen a los santuarios de estas advocaciones. El de
Santo Domingo está situado a unos 5 Kms. al norte de la ciudad y fue fundado
por San Álvaro de Córdoba en el siglo XV. El de la Virgen de Linares se
encuentra a unos 10 Kms. al noroeste de Córdoba, y tiene su origen el la
atalaya árabe junto a la cual acampó Fernando III cuando se dispuso a
conquistar la ciudad.
Ambas romerías tienen en común la participación de centenares de caballistas -los jinetes, con traje de campero, y las amazonas, con vestido de faralaes o "de gitana", y vistosas carrozas que compiten en un concurso con premios a las mejores; desde una de ellas reparten sonrisas las que han sido proclamadas "romera mayor" en los solemnes actos de los pregones que ambas hermandades organizan. Tras las misas romeras, eje religioso de las celebraciones, los asistentes se dispersan por los alrededores de los santuarios y preparan los peroles -guisos de arroz-, sin dejar de cantar ni bailar, para regresar a la ciudad a la puesta del Sol, cansados y felices.
Como un ejemplo más del desbordamiento de los sentimientos en el Sur, que
cuando aparecen en su estado natural se parecen a un torrente inacabable,
Córdoba en Mayo es la imagen perfecta del derroche de lo andaluz.
Desde el primer día que una rosa explota en fragancias por los aires, la ciudad se
coloca el traje de fiesta, el de la primavera estimulante y casi pagana, y
modifica el escenario cotidiano.
Cada año, a comienzos del mes de mayo, se celebra en Córdoba la Cata del
Vino Montilla-Moriles, donde participan más de 20 bodegas y a la que acuden
todos los cordobeses para degustar los vinos de la tierra y las tapas más
típicas. La música también ameniza la celebración y diversas actividades
tienen lugar, entre las que destacan catas dirigidas por enólogos para
aquellos visitantes que lo solicitan.
Mayo explota con elegancia de jardín en la ciudad de Córdoba y se instala en las cruces de sus plazuelas,
en las macetas de sus patios, en la algarabía de sus casetas de feria, en
las gargantas de sus cantaores o en el redondel del albero, donde surgieron
los califas del toreo.
Si hubiera que hacer una descripción de la alegría de un pueblo a los
antropólogos no les quedaría más remedio que venir a Córdoba por el mes de
Mayo, el tiempo escogido por esta ciudad para despedirse del curso que
finaliza y prepararse para los meses de estío, cuando los cordobeses se
desentienden de todo porque todos los frentes se destinarán a la lucha
contra el calor. Pero mientras dure Mayo, mientras los azahares modifiquen
hasta el olor de una ciudad, Córdoba será la gran dama de Andalucía,
filósofa y cantarina, que entrega todo lo mejor de sí. Vestida de fiesta.
Tras el pregón exaltador de las fiestas y la batalla de flores
que se desarrolla en los jardines de la Victoria, en la que se utiliza como
"munición" miles de docenas de claveles, el concurso de las Cruces de
Mayo es como el pistoletazo de salida en este desvarío festivo del mes.
Reducto de una religiosidad atada a la noche de los tiempos, las cruces se
levantan, cuajadas de flores, en las plazas, pasajes y recintos abiertos,
adornadas con la naturaleza que el mes de Mayo proporciona además de con
matones de Manila, colchas multicolores y sabiduría popular. Asociaciones de
vecinos y Peñas son las entidades encargadas de hacer de Córdoba un
escenario de película y llenar la calle de fiesta.
El recorrido se suele hacer de noche, cuando Córdoba se torna mágica y el
vino es un compañero que convierte en bailes y canciones cualquier atisbo de
soledad. Y en cualquier rincón, una guitarra suena y una garganta canta una
pena convertida en arte.
Acabado el Concurso de Cruces, comienza el Festival de los Patios Cordobeses, la segunda eclosión festiva del Mayo Cordobés en donde la hospitalidad se hace estética. Los dueños de las casas con patios, cuajados hasta lo imposible de flores, macetas, pozos y cal los abren al visitante para que éste disfrute con estos reductos de las casas típicas cordobesas, enclavadas en los barrios más añejos, como San Agustín, San Lorenzo, La Judería o San Basilio. Junto a los Patios, en las calles y plazas cercanas, el Ayuntamiento organiza festivales y actuaciones, donde el cante y las sevillanas ayudan a pasar el bochorno de las noches de Mayo, que ya comienza a ser caluroso.
Desde hace quince años se celebra - a mediados de Mayo- la Cata del Vino, organizada en una explanada de acceso controlado, por el Consejo Regulador Montilla-Moriles, que reúne la oferta de embotellados de las principales bodegas de la zona. Una buena ocasión para apreciar la calidad y variedad de estos caldos.
A mediados de Mayo tiene lugar cada tres años (2001, 2004, 2007...) el Concurso Nacional de Arte Flamenco, creado en 1956, un exigente certamen que establece premios de cante, baile y toque, y que celebra en el Gran Teatro tanto sus sesiones eliminatorias como la gala final de entrega de premios. Es una oportunidad de escuchar a las nuevas o futuras figuras del flamenco.
La Feria de Nuestra Señora de Salud se celebra a finales de Mayo, en torno a la fiesta de la Virgen que da nombre a este evento, colofón y cierre del Mayo florido y alegre de Córdoba. Enmarcada al estilo de las ferias andaluzas, las casetas, el paseo central y la calle del Infierno le suelen dar el cuerpo y contenido a la misma. A diferencia de otros lugares de Andalucía, las casetas de la Feria cordobesa suelen ser abiertas a todo tipo de público. El paseo de caballos, los trajes de faralaes, las sevillanas y el vino suelen ser ingredientes de la Feria que, como las del resto del país, ha perdido un tanto su origen, basado en las transacciones de ganado, mercado que el la actualidad se celebra en el extrarradio de la ciudad.
Cuentan que mientras Colón descubría América, Córdoba descubría los toros. Al parecer, la primera corrida de que se tenga noticia se celebró en el Alcázar de los Reyes Cristianos en 1492, lidiándose dos reses en honor y divertimento del príncipe Don Juan, el malogrado hijo de los Reyes Católicos. Córdoba, haciendo honor a esa tradición taurina, ofrece en su plaza de los Califas, coso de primera categoría, atractivos carteles taurinos que se celebran, principalmente, durante la feria de Mayo. Las primeras figuras actuales del toreo, son ahora los encargados de llenar el coso de Los Califas.
A lo largo del caluroso verano numerosos barrios cordobeses celebran
verbenas populares, que, organizadas por peñas y asociaciones de
vecinos, conjugan atracciones musicales, concursos, competiciones deportivas
y casetas similares a las de la Feria. Entre la larga treintena de las que
tienen lugar entre mediados de Junio y principios de Octubre, destaca por su
marco y tradición la de la Virgen de los Faroles, que organiza la Federación
de Peñas durante la segunda semana de Agosto en el triunfo de la Puerta
del Puente.
El 8 de Septiembre Córdoba festeja a su copatrona, la Virgen de la
Fuensanta, con una tradicional Velá que se celebra en el entorno de
su santuario, al sureste de la ciudad. Hay pregón, festival flamenco, bailes
populares, atracciones feriales, casetas y muestra de frutas. Símbolo sonoro
de la velá son las campanitas de barro o de cerámica, que se venden en los
puestos callejeros y que los niños hacen tintinear insistentemente.
El 24 de Octubre festeja Córdoba a su arcángel protector, San Rafael
. El Ayuntamiento le dedica una solemne misa en la iglesia del
Juramento, pero el pueblo prefiere celebrarlo en la Sierra, a donde se
desplazan peñas y familias para organizar peroles. Hay que madrugar para
tener sitio en los Villares, parque periurbano situado a unos 11 Kms. de la
ciudad y acondicionado para esta tradición culinaria.
Por Navidad el centro comercial y en especial el bulevar de Gran
Capitán, se visten de luz y color. Se organizan concursos de villancicos y
de belenes. Centenares de fiestas y cotillones celebran los cordobeses para
recibir al Año Nuevo, pero lo más castizo es acudir a la plaza de las
Tendillas para escuchar las doce campanadas rasgueadas por un reloj con
sonido de guitarra flamenca y bailar entre contagioso júbilo, serpentinas y
champán.
Para mas información:
http://www.turismodecordoba.org
Bibliografía. Fco. Solano Márquez Cruz. Córdoba en fiestas. Vive y descubre Córdoba. Editorial Everest S.A 2000